DiaWHEE!!!

por Cesar Martin

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30 de Abril 2005

Entré en contacto con ella a través de Bertha. Fue el año en que los nuevos Guns N’Roses de Axl actuaron en Rio. Dara Blumenhein estaba allí invitada por el organizador del festival, y coincidió con Bertha. Una semana después contacté con Dara por e-mail y al cabo de unos meses nos conocimos en persona. Y bien, han pasado varios años desde entonces, y Dara Blumenhein sigue siendo nuestra mano derecha en USA.
Pese a su juventud, esta mujer ya tiene un background muy sólido a sus espaldas. Es la fotógrafa favorita de Scott Weiland, y ha tomado fotos a los más grandes: Ian Astbury, Rolling Stones, Henry Rollins y un largo etcétera. Como ya he comentado alguna vez en la revista, ella se encargó de hacer las fotos promocionales del disco de tributo a Black Flag, por ejemplo.
Cuando la conocí, me mostró un álbum con algunas de sus fotos y, bueno, enseguida pude comprobar que era la fotógrafa perfecta para una revista como el Popu. A diferencia de otros fotógrafos, Dara no se limita a tomar fotos de directo, ella se implica y convive con los artistas. Las mejores fotos que he visto de Weiland las tomó ella.
He coincidido un par de veces con Dara en Los Angeles, y siempre es interesante verla en su ambiente. Sólo ella tiene vía libre en clubs como el Viper Room. De hecho, es amiga de todos los porteros de los clubs angelinos, y de muchos grupos actuales, desde Helmet hasta Metal Shop. Un sólo ejemplo: cuando Dara estaba terminando sus estudios de fotografía, ¿adivinais a quién le pidió que posase para ella en el examen final?, ¡a Ian Astbury! Definitivamente, América es otro mundo.

Dara, Raven De Lumiere, Cynthia Silorey & Mikee en L.A.

Uno de los lugares que más frecuenta Dara es una preciosa cafetería de Sunset Boulevard, que siempre está abarrotada de estrellas. En una de las ocasiones en que estuvimos allí, coincidimos con el petardo de Toby McGuire (¿quizá el peor actor de todos los tiempos?) y su tontísima novia. Eso no tiene mucho glamour, lo sé, pero si tenemos en cuenta que fue allí también donde Dara conoció a Mickey Rourke, la cosa cambia. Un buen día, Mickey apareció por la cafetería, no había ni una mesa libre en todo el local, y Dara le ofreció compartir la suya. El actor, contrariamente a lo que algunos puedan pensar, no siempre se comporta con arrogancia, y desde el primer momento conectó con Dara. La siguiente vez que nuestra amiga coincidió con el legendario actor, Mickey estaba acompañado por el mismísimo Jerry Cantrell, y ambos invitaron a Dara a tomarse un café con ellos. Así es Hollywood!
Recuerdo que inicialmente a Dara le daba mucho respeto hacer entrevistas. No se consideraba periodista y prefería ejercer sólo de fotógrafa, pero hoy en día es muy buena entrevistando.
El último año lo pasó alejada del Rock’n’Roll, en su tierra natal Colorado, pero ahora por fin ha decidido volver a la acción, y ayer mismo se reencontró con sus colegas de Velvet Revolver en Denver. Tiene gracia recordar que cuando Duff, Matt y Slash estaban buscando cantante para su nueva banda, Dara le recomendó a su colega Matt dos vocalistas: Texas Terri y Scott Weiland. En esa época estaban considerando la posibilidad de fichar a una mujer, así que la opción de TxT no era nada descabellada; al fin y al cabo Duff siempre ha hablado muy bien de ella, aunque al final decidieron hacerse con los servicios de una superestrella.
La opción de Weiland no les pareció muy acertada en un principio. Matt Sorum le dijo a Dara que el vocalista no estaba limpio y que no era buena idea montar un grupo con alguien que tenía ese tipo de problemas, pero finalmente decidieron darle un voto de confianza.
En fin, Dara is back!, y desde aquí le doy la bienvenida a las páginas de Popular 1.

27 de Abril 2005

La primera vez que oí hablar de Jane’s Addiction fue en el lugar más apropiado, Los Angeles, en 1987, un año antes de que viese la luz “Nothing’s Shocking”. En la prensa local se decía que eran una banda totalmente inclasificable, los críticos angelinos les relacionaban con Led Zeppelin, Velvet Underground, Stooges... Las referencias, desde luego, anticipaban algo interesante, y las fotos que acompañaban a cada artículo provocaban cualquier cosa menos indiferencia.
Cuando por fin se editó “Nothing’s Shocking”, Perry Farrell comenzó a conceder entrevistas a los grandes medios americanos, y en cada una de ellas le preguntaron por el nombre del grupo, y Perry terminó siempre explicando la historia de su amiga Jane. Puedo recordar la curiosidad que sentía por esta mujer en aquellos años. Sólo había tenido oportunidad de ver su rostro en aquellas fotos que aparecieron en el primer disco de Jane’s, y los únicos datos que conocía sobre ella eran los comentarios de Farrell en entrevistas.
Pasaron los años y nunca consideré, ni por un instante, la posibilidad de llegar a conocer a Jane en persona algún día. Por lo que a mí respectaba, Jane era una figura casi mitológica, alguien que sólo existía en la mente de los fans de Jane’s Addiction. Podéis imaginar, por lo tanto, lo extraño que me sentí cuando el año pasado surgió la oportunidad de conocerla.
Habíamos publicado meses antes una entrevista que había hecho TxT con ella (con fotos de
Dara Blumenhein), y desde entonces había mantenido contacto con Jane por e-mail. En sus mensajes parecía una persona muy cool, así que quedé con ella en un bar de Sunset Strip, tan sólo para tomarnos unas cervezas y charlar un rato.
Jane acudió a la cita acompañada por su novio, que trabaja en un sello discográfico de Los Angeles, y pasamos alrededor de tres horas tomando cervezas y hablando de cualquier cosa menos de Jane’s Addiction. En la entrevista que publicamos, Jane ya había dado todo tipo de detalles sobre su pasado con Jane’s Addiction, así que preferí no agobiar con típicas preguntas de fan, y simplemente hablar sobre los temas que surgieran en la conversación. Jane comentó en algún momento que odiaba haber malgastado tanto tiempo con las drogas en su juventud, en lugar de haberlo empleado en cosas más útiles, aunque hoy en día parece sentirse bastante feliz y en paz consigo misma.
Cayó la noche y Jane nos invitó a mi amiga y a mí a su casa. Ella y su novio tienen su apartamento muy cerca de Sunset, en pleno ojo del huracán. En casa de Jane seguimos la charla, mientras su novio pinchaba viejos vinilos de Deep Purple. Fue una agradable velada que tuvimos que interrumpir antes de lo deseado, para ir a ver a la banda de tributo a Van Halen, Atomic Punks, que actuaba a las afueras de la ciudad. Ni que decir tiene que Jane no se mostró interesada por ver a una banda de tributo a VH, pero nos dio su bendición y seguimos nuestro camino.
Meses antes de ese primer encuentro con Jane, Jane’s Addiction tocaron en Barcelona, y fue interesante darle a Perry Farrell el Popu en el que aparecía la entrevista de TxT con Jane. Todo fue muy rápido, nos habían concedido quince escasos minutos de entrevista, y al finalizar le mostré ese Popu, mientras el manager nos pedía no muy amablemente que abandonasemos el camerino de una maldita vez. Le expliqué a Perry cómo surgió la idea de ese artículo, y cuando vio la casa en donde había convivido con Jane, se quedó sin habla. Probablemente le habría gustado preguntarnos algunos detalles más sobre Jane y sobre el artículo en cuestión, pero antes de que el pobre hombre hubiese tenido tiempo de reponerse de la impresión, el manager ya nos había expulsado del recinto. De todos modos, fue bonito darle ese Popu.
Esa misma noche le mandé un e-mail a Jane para contarle lo sucedido, y a ella le hizo ilusión saber que su entrevista había ido a parar a manos de Perry. Hace años que Jane y Perry no están en contacto, a pesar de que ambos siguen viviendo en la misma ciudad, pero, quién sabe, quizá algún día vuelvan a ser amigos. Perry sigue siendo un encantador lunático, no ha cambiado tanto como Dave Navarro con el paso de los años, y seguro que le gustaría ver de nuevo a Jane. Confiemos en que la reunión se produzca algún día.

26 de Abril 2005

Increíble foto. Curioseando en los archivos del Popu, apareció esta delirante imagen del gran Diamond Dave en lo alto de la Tower Records de Los Angeles, ataviado con su uniforme de escalador y muy bien acompañado por dos go-go’s. La foto fue tomada en 1988, concretamente en la presentación de su álbum “Skyscraper”. Para celebrar la edición de su disco, Dave decidió “escalar” el edificio de Tower, y obviamente Sunset Boulevard se colapsó con cientos de fans.
Por lo general, cuando se habla de la carrera en solitario de David Lee Roth, la gente siempre recuerda su Ep “Crazy From The Heat” y su explosivo álbum ”Eat ‘em and Smile” en sus versiones inglesa y española, pero nadie reivindica nunca ese fantástico “Skyscraper”, que algunos no hemos dejado de escuchar ni un solo mes desde entonces. Qué gran disco... “Knucklebones”, “Just Like Paradise”, “Stand Up”, “Hot Dog and a Shake”... Muy buenos temas, un David Lee Roth pletórico de principio a fin, y esa química tan especial que existía entre Dave, Steve Vai, Billy Sheehan y Gregg Bissonette. Esa sería la última vez que Sheehan colaboraría con Dave, como recordaréis ni siquiera llegó a tocar en la gira de este disco, lo cual fue una lástima. Esa banda debería haber permanecido unida un buen puñado de años más. Como comprobaríamos con el paso del tiempo, ninguno de ellos lograría hacer nada tan brillante por su cuenta: ni Dave con los mercenarios de los que se ha rodeado posteriormente, ni Vai en solitario, ni desde luego Sheehan con Mr. Big. Pero, en fin, así son las cosas, y por lo menos es grande que esa banda grabase dos discos tan explosivos.
Aquella etapa en la carrera de Diamond Dave la recuerdo con mucho cariño. Increiblemente consiguió ofrecer casi la misma excitación que en los días de Van Halen, algo que desde luego no sucedió con los VH de Sammy Hagar. No sólo hizo giras inolvidables y publicó dos buenísimos discos, sino que nos obsequió además con sus típicas salidas de tono. La idea de escalar la Tower angelina fue uno de sus muchos numeritos memorables de esa gira. En España, sin ir más lejos, recibió a la prensa en el ático de un hotel, disfrazado de escalador, con todas las ventanas abiertas. Era pleno invierno, y los periodistas tuvieron que soportar unas condiciones climáticas nada deseables, mientras el amigo Dave les apabullaba con su habitual tormenta dialéctica.
Y no podemos olvidar la gira en cuestión, que sorprendentemente pasó por nuestro país. Quienes acudisteis al show de Barcelona, seguro que no olvidaréis jamás la experiencia. Fue justo lo que esperábamos, una velada con el mejor showman de la historia.
Todo eso queda muy lejos ya, pero nadie puede negar que “Eat ‘em and Smile” y “Skyscraper” son discos que conservan la frescura del primer día.

25 de Abril 2005

Pocas veces he sido tan insistente en mi vida. Dos años tardé en conseguir una cita con Sally Kirkland, dos años de llamadas telefónicas, e-mails y cartas. Y la verdad es que durante ese tiempo no tuve gran esperanza de que el encuentro pudiese llegar a producirse, pero había una remota posibilidad de que al final Sally se decidiese a recibirme aunque sólo fuese por curiosidad, y desde luego merecía la pena intentarlo.
Sally forma parte de la realeza de Hollywood. Es una de las mejores actrices de los últimos treinta años, alguien que puede medir sus fuerzas con cualquier peso pesado de la Meca del cine. Y de hecho, si les preguntaseis por Sally Kirkland a De Niro, Pacino, Newman, Redford, Kristofferson, Waits, Coppola y tantos otros, todos os contarían maravillas de ella. Ha trabajado con muchos de ellos, y a otros les ha hecho favores que han cambiado sus vidas; basta con recordar por ejemplo que Sally le consiguió a De Niro su papel en “El Padrino”, casi nada... Pero lo fascinante de Sally Kirkland es que su vida no se reduce al mundo de la interpretación. Además de intervenir continuamente en todo tipo de películas, desde superproducciones de Jim Carrey hasta films independientes con directores y actores noveles, Sally pinta, tiene un programa de radio, ofrece clases de interpretación a estrellas, defiende las causas en las que cree y es predicadora del Church of the Movement of Spiritual Inner Awareness. Por no hablar de su faceta rockera, ya que esta mujer vivió a fondo la escena musical de los 70’s y tuvo una relación muy estrecha con gente como Bob Dylan. Por todo ello, un encuentro con Sally Kirkland prometía ser mucho más que una simple entrevista, era evidente que sería una experiencia humana muy interesante.
Por fin, tras dos largos años tratando de fijar una cita con Sally, se produjo el milagro, y la actriz accedió a reunirse conmigo en Los Angeles, aunque en su escueto e-mail no especificaba nada, tan sólo indicaba que debería llamarla cuando llegase a la ciudad y ella trataría de hacer un hueco en su agenda. Su “schedule” diario es una locura, siempre hay algún rodaje de por medio, o debe acudir a su programa de radio, o se ha comprometido a dar clases de interpretación a alguien, o prepara una exposición de pintura, o quizá debe asistir a un enfermo terminal en sus últimas horas. Por ello, preferí no hacerme muchas ilusiones, simplemente crucé los dedos y esperé que la suerte me sonriese. Sabía que si finalmente lograba entrevistarla, sería una de esas experiencias que jamás olvidas, pero era fácil que todo se torciese a última hora y Sally cancelase la cita.
Una vez allí, intenté contactar con ella varias veces, pero no fue posible. Jamás lograba localizarla ni en su casa ni en su oficina, y el tiempo pasaba rápido. En ese mismo viaje hice seis o siete entrevistas más, una de ellas con Elvira, a quien también deseaba conocer desde hacía años, pero el momento de entrevistar a Sally parecía no llegar nunca. Por fortuna, un par de días antes de mi regreso a España, Miss Kirkland me llamó por teléfono y dijo textualmente: “Me llevarás a cenar esta noche”. Increíble, la entrevista imposible iba a suceder. Sally también comentó: “No esperes encontrarte a una estrella glamurosa”. Yo le respondí que ella siempre tiene glamour, y Sally insistió en que no esperase encontrarme a alguien espectacular. Quizá ella sienta que no tiene glamour, pero tal y como comprobaría horas después, sigue siendo una mujer con un encanto increíble.
Quedé con Sally Kirkland en un restaurante de Los Angeles llamado Silver Spoon, que se encuentra en la zona más gay de la ciudad, West Hollywood, concretamente en Santa Monica Boulevard. El lugar en cuestión es legendario y entre sus clientes habituales, además de Sally, figuran Martin Landau, Shelley Winters, David Proval, Farrah Fawcett, Faye Dunaway, etc. Allí acudió Tarantino a mediados de los 90, con la intención de conocer al actor Robert Forster para ficharlo para “Jackie Brown”, y en lugar de localizar a Forster se encontró a Sally y ésta le dio algunos valiosos consejos cinematográficos.
El día en que debía entrevistar a Sally, había quedado también con el marido de Elvira, Mark, para que me pasase material gráfico para el artículo que le dedicaría en el Popu. Pasé gran parte de la tarde en la oficina de Elvira con Mark, eligiendo fotos, viendo fragmentos de la película que acababa de rodar nuestra querida Mistress of the Dark y charlando un poco de Rock’n’Roll. Cuando se acercaba la hora del encuentro con Sally, le sugerí a Mark que me llevase a Silver Spoon, y de paso le presentaría a la actriz, y eso hicimos.
Transcurrieron cinco minutos de espera, y de pronto a lo lejos pude divisar la preciosa melena rubia de Sally. Recuerdo que Mark dijo: “Ahí la tienes, ahí está Sally”, y yo traté de disimular mi nerviosismo, comportándome de un modo casual, como si cada día tuviese oportunidad de conocer a leyendas de ese calibre. Sally se mostró en persona justo como había imaginado, muy natural y sencilla, aunque con un carisma desbordante. Después de haberla visto en tantos films desde que era un crío (“The Sting” con Newman y Redford, “The Way We Were” con Redford y Streisand, “Cold Feet” con Tom Waits y Keith Carradine, “A Star Is Born” con Kristofferson... la lista es larga), ahí estaba la mismísima Sally Kirkland en carne y hueso. Mark saludó a Sally, charlaron un poco y ella dijo algo sobre mí que me descolocó por completo: “Él se interesó por mí cuando yo tenía unos gigantescos pechos, hace mucho tiempo de eso”. Bien, todavía ahora me pregunto cómo es posible que ella supiese algo así. Durante esos dos años de gestiones, jamás mencioné ese dato. Es cierto que la primera vez que me fijé en Sally Kirkland fue a causa de sus pechos, no de sus habilidades como actriz, pero ¿cómo pudo ella imaginar eso? A mediados de los 80, Sally se puso unos implantes gigantescos y durante ese período apareció a menudo en la prensa con un look increiblemente sexy, pero para entonces ya era una actriz muy famosa. Al cabo de unos años tuvo serios problemas con sus implantes y se los extrajo, y desde entonces, siempre que tiene oportunidad hace declaraciones en contra del uso de implantes. Por todo ello, escuchar a Sally diciendo que me había interesado por ella incialmente tan sólo a causa de las dimensiones de sus tetas, fue un poco incómodo, pero, en fin, es la verdad y evidentemente con esta mujer no se pueden tener secretos.
Tras despedirnos de Mark, entramos en Silver Spoon. Parece ser que la actriz es una clienta habitual de ese lugar desde hace tres décadas. Sally se dirigió a un camarero y le dijo: “Aquí tienes a una persona insistente, ha estado llamándome durante dos años, ¡parece que realmente tiene ganas de entrevistarme!”, y desde luego no se equivocaba. Nos sentamos justo bajo un cartel promocional enmarcado de “Anna”, el film que le valió a Sally una nominación al Oscar a la mejor actriz. Y mi primera pregunta fue la habitual en estos casos: “¿Cuánto tiempo tenemos para hacer la entrevista?”, a lo que ella respondió: “Bueno, no tengo nada más que hacer esta noche”. Imposible pedir más.
Lo que vino a continuación fue un verdadero sueño. Durante tres horas cenamos, hicimos la entrevista e incluso hubo tiempo de charlar de un modo informal sobre los mil y un temas. Sally se sentía a gusto y relajada, e incluso parece que se divirtió recordando algunos de los capítulos más memorables de su intensa trayectoria. Fue todo tan idílico, que acordamos volver a vernos la próxima vez que yo pisase Los Angeles, aunque estaba convencido de que nuestros caminos jamás volverían a cruzarse. Era bastante improbable que Sally Kirkland tuviese tiempo para recibirme en un futuro viaje, pero no había problema con eso; si la experiencia terminaba ahí, yo ya me daba por satisfecho. Recuerdo que salí de ese restaurante en una nube de felicidad. Me sentía como si estuviese en una peli de Frank Capra. Una amiga me recogió con su coche, y la agoté dándole todo tipo de detalles sobre el encuentro con Sally Kirkland.
Y bien, transcurrieron unos meses, planifiqué otro viaje a “the city of angels”, y contacté de nuevo con Sally. Esta vez todo fue más sencillo. Ella sugirió que nos viésemos de nuevo en Silver Spoon, en esta ocasión para desayunar, y añadió: “He quedado allí con Shelley Winters. Ultimamente no se encuentra muy bien y quiero verla, así que de paso te la presentaré”. Qué mundo más extraño, jamás imaginé que tendría oportunidad de intercambiar unas palabras con alguien como Shelley Winters, pero así es la vida, a veces una cosa lleva a la otra y de pronto surge una oportunidad como ésta. Supongo que la mayoría recordais la trayectoria de Shelley, su filmografía tira de espaldas: “Lolita”, “La noche del cazador”, “La aventura del Poseidon”, “Mamá Sangrienta”, etc.
Puntual a la hora prevista, apareció Sally con un sombrero cubierto con conchas marinas, y manchas de pintura en sus brazos. Había pasado toda la noche sin dormir, pintando cuadros, pero no se sentía cansada en absoluto. Charlamos un rato y Sally anunció que seguidamente me presentaría a Shelley Winters. En un patio interior de Silver Spoon se encontraba Shelley desayunando, junto a su criada argentina y un grupo de amigas. Sally me presentó como un periodista de Rock’n’Roll de España, y las mujeres me invitaron a sentarme. Fue una situación muy cachonda, no conocía a nadie allí, pero todas esas damas 100% Hollywood sentían una tremenda curiosidad por España, y me preguntaron todo tipo de cosas sobre nuestro país, mientras Shelley permanecía callada, comiendo su desayuno.
Al cabo de un rato, Sally me pidió que le mostrase el Popu a Shelley, y aquello sí que fue extraño. Ahí estaba esa actriz que había visto en docenas de películas en mi infancia, hojeando Popular 1! Tras repasar uno de nuestros números, Shelley preguntó: “¿Tenéis Rock’n’Roll en España?”. Le respondí que sí, y siguió mirando Popus en silencio. Minutos antes le había preguntado a Sally si le parecía correcto que le pidiese a Shelley que nos tomásemos una foto juntos, y Sally me animó a que lo intentara. Ambas actrices se conocen desde hace muchos años, pero Shelley ya es mayor, está de vuelta de todo, y ni la propia Sally es capaz de preveer cómo reaccionará en determinados casos. Me armé de valor y le pedí una foto, pero a Shelley no le hizo gracia la idea. Ya imaginaba cuál podía ser su reacción, así que no hubo problema.
Al cabo de un rato, Sally se levantó de la mesa y nos despedimos de Shelley Winters y de sus acompañantes. Sally tiene un apartamento muy cerca del restaurante, así que me invitó a visitarlo.
El apartamento estaba decorado con multitud de cuadros de la actriz. En una de sus obras había pegado una hoja de Popular 1(!), concretamente una foto de Robert Plant, y había pintado algunas figuras a su alrededor.
Me mostró memorabilia de algunas de sus películas, fotos con colegas suyos como De Niro, y me presentó a su perro. Seguidamente, me pidió que me tumbase en su cama junto a ella y su perro, para rezar por mí. Ese era el día de mi cumpleaños, e improvisó una oración que enlazó con unos cánticos budistas. Fue algo verdaderamente especial. Sally dejó de cantar y a continuación anunció que dormiríamos un rato. Y eso hicimos. Sally se durmió, y yo me limité a cerrar los ojos y descansar unos minutos.
Esa misma tarde, Sally debía acudir a un rodaje en la otra punta de la ciudad. La actriz se despertó, salimos juntos del piso y nos despedimos. No he vuelto a verla desde entonces, pero conservo un recuerdo mágico de ese día.
Para quien le interese, la entrevista con Sally Kirkland apareció en el Popu 342, con Toilet Boys en portada.

16 de Abril 2005

Fue una entrevista definitivamente extraña. Tras pasar una vida entera escuchando a Rainbow y a Deep Purple, se presentó la oportunidad de entrevistar a Ritchie Blackmore en persona, y no durante quince o veinte minutos, sino durante dos largas horas! Increíble.
Como sabrá cualquiera que haya seguido la trayectoria de este hombre, Blackmore nunca ha sido muy amigo de las entrevistas. Siempre prefirió limitarse a hacer música y dejar que los medios especulasen sobre los mil y un enigmas que rodean su persona. En los días de Purple y Rainbow siempre fueron otros miembros los encargados de atender a la prensa, mientras Blackmore permanecía en su burbuja. Por ello, cuando se acercó a Barcelona a presentar el primer disco junto a su tontísima esposa, surgió la oportunidad de oro de interrogar al legendario guitarrista hasta que perdiese los nervios.
Así somos los fans: si tienes ante ti a alguien que has admirado desde niño, es difícil comportarte con corrección, lo que te sale de dentro es avasallarle a preguntas y punto. Algo así me sucedió con Graham Bonnet cuando le entrevisté hace algunos años por teléfono. La carrera de Graham no atravesaba uno de sus mejores momentos, pero a quién le importa algo así, para mí este hombre es Dios, de modo que contacté con él, accedió a que le entrevistase, y cuando finalmente llegó el gran día, marqué su número de teléfono y no le dejé en paz hasta dos horas después. En el transcurso de ese tiempo, Graham le dio de comer a su perro, le puso videos de “cartoons” a su hijo, atendió a quien llamó a su puerta y trató de recordar todo tipo de detalles sobre sus experiencias con Malmsteen, Blackmore y Schenker. Recuerdo que me puse tan pesado en esa entrevista y se alargó tantísimo, que al finalizar le pedí perdón a Graham por hundirle la tarde. Aunque Graham Bonnet es tan encantador que comprendió mi curiosidad de fan, e incluso comentó que sólo le habían entrevistado anteriormente una vez para España en los 80’s, y la entrevista había sido igual de larga (!).
Bien, esa fue mi experiencia con Bonnet, pero obviamente con Blackmore las cosas fueron distintas. Eramos conscientes de que la personalidad hipersensible de Blackmore no resistiría un ataque frontal como el que le habíamos preparado, pero qué diablos, no tendríamos otra oportunidad de hacerle dos mil preguntas, así que no nos lo pensamos dos veces.
Mi colega JMª Vidal Buchs y yo nos plantamos en el hotel Ritz de Barcelona preparados con toda nuestra artillería. Blackmore jamás nos habría concedido una entrevista de dos horas, pero hicimos una pequeña trampa: acudimos como representantes de dos revistas, Popular 1 y World Music. El plan era perfecto: haríamos 20 minutos para World Music hablando de coñazos medievales, y cuando Ritchie bajase la guardia y se relajase, le golpearíamos duro durante 1 hora y cuarenta minutos con preguntas sobre Joe Lynn Turner, Dio, Bonnet, Gillan, Coverdale, etc. Incluso llegamos a preguntarle por su eterno discípulo Yngwie Malmsteen!, toda una osadía (en una situación normal, dudo que Blackmore hubiese respondido a una pregunta sobre Malmsteen).
El álbum que presentaba Ritchie en esa ocasión era absolutamente infumable (como el resto de su carrera junto a la dulce Candice), pero estamos hablando del hombre que grabó “Rainbow Rising”, “Burn”, “In Rock” y “Down To Earth”, entre tantas otras maravillas, así que su presente (más sentimental que musical) nos importaba bien poco. Nosotros estábamos allí para hablar del riff de “All Night Long”, de sus peleas con Ian Gillan, del California Jam... ¡1 hora y cuarenta minutos de puta mitología rockera!, ¡la euforia y la adrenalina no nos dejaba ni pensar! Eramos dos metalheads dispuestos a someter al tercer grado a uno de nuestros ídolos.
Recuerdo que yo había pasado dos días en cama con gripe, y ese día seguía ingeriendo pastillas, apestaba como un cerdo y me sentía feliz porque iba a conocer al Hombre de Negro! Cuando entramos en el Ritz, mi cabeza estaba llena de riffs legendarios, ¡podía tararear seis riffs distintos de Blackmore al mismo tiempo!, me debatía entre “All Night Long”, “I Surrender”, “Burn”, “Long Live Rock’n’Roll” y una larga lista de himnos guitarreros. Dios mío, no hay nada mejor que alcanzar ese estado mental subnormal, cuando en tu mente no hay ideas, no hay pensamientos, no hay nada, excepto riffs memorables!
Blackmore nos hizo esperar una eternidad en un salón del Ritz, así que cuando finalmente llegó la hora de enfrentarnos cara a cara con el mito, los nervios nos devoraban. Nunca olvidaré ese momento: escuchamos el sonido de unas campanillas a lo lejos, y de pronto ahí estaba el legendario rockero, ataviado con ropas medievales. Las campanillas, efectivamente, formaban parte de su vestuario (!!!), y colgaban de sus botas. A su lado estaba, por supuesto, la señorita Candice, luciendo también un look muy cómico.
OK, llegados a este punto se impone una reflexión. Amo gran parte de lo que ha hecho Blackmore en su carrera rockera, es evidente que es uno de los mejores guitarristas y compositores de la historia, y un showman sin igual. Pero resulta difícil tomarse en serio a este Blackmore perdido en su fantasía medieval, aunque como decía antes, nosotros estábamos allí para hablar de Rock’n’Roll, y cualquier otra consideración nos importaba bien poco.
La entrevista empezó bien. Ritchie y Candice parecían estar encantados con nosotros, y además de hablar de coñazos celtas y del insufrible Mike Oldfield (cuya música al parecer le gusta mucho a Candice), ella fue más lejos y nos habló incluso de los cambios de humor de Ritchie: de lo fácil que resultaba que su hombre se enfadase por cualquier motivo, y en lugar de expresarlo, se lo guardase en su interior, para terminar explotando en el momento más inesperado. Qué ironía, porque eso sería justo lo que haría Ritchie con nosotros una hora y pico después.
Transcurridos los veinte minutos que habíamos previsto para plastadas celtas, fuimos directos al grano: Rainbow, Purple y demás. En ese punto de la entrevista, Ritchie Blackmore era nuestro amigo, el Hombre de Negro por fin había encontrado a unos periodistas que entendían lo que estaba intentando hacer en su nuevo proyecto. En fin, la armonía duró poco. Al cabo de cuarenta minutos de darle el coñazo con Rainbow, una Candice francamente agobiada se excusó y abandonó la mesa, dejando a Ritchie solo. En principio algo así no debería haber supuesto un gran problema si la entrevista hubiese acabado diez minutos después, pero esa no era nuestra intención.
Mientras le machacábamos con preguntas sobre su glorioso pasado, el guitarrista se irritaba cada vez más. Seguía con la mirada a su amada Candice, que vagaba como un alma en pena por el salón, y respondía a cada pregunta con incomodidad, pero sin escatimar detalles. El hecho de no haber concedido demasiadas entrevistas en el pasado, le perjudicó en ese momento, porque no sabía cómo cortar a dos metalheads fuera de control. Un Robert Plant o un Mick Jagger nos habrían parado los pies mucho antes, pero Ritchie en cambio seguía soportando nuestra agobiante lluvia de preguntas y aquello no parecía tener final!
Sin embargo, cuando ya rebasamos todos los límites, Blackmore nos advirtió que estaba allí para hablar de su nuevo proyecto, no para recordar lo que hizo en 1974. Escuchamos sus palabras como dos alumnos que recibían una bronca de su profesor, y seguidamente JMª le preguntó por... ¡la actuación de Deep Purple en California Jam! E increiblemente un Ritchie Blackmore más descolocado aún si cabe, ¡respondió la pregunta!
En fin, después de eso no alargamos mucho la agonía. Preguntamos unas cuantas cosas más sobre su pasado, él respondió irritadísimo y la entrevista llegó a su fin. Habían sido dos horas en compañía de uno de los rockstars definitivos.
Seguidamente Blackmore debía posar para las cámaras de nuestro fotógrafo, eso habíamos acordado con su compañía de discos semanas antes, pero el guitarrista se levantó de la mesa y abandonó el salón del Ritz sin dirigirnos ni una mirada. La pobre Candice se disculpó por el comportamiento de su hombre, y nosotros salimos de ese hotel flotando! Al diablo con la sesión de fotos, habíamos hecho la entrevista que siempre soñamos con Ritchie Blackmore.
Por lo que nos contaron posteriormente, nuestra entrevista hundió el resto de la visita promocional. Blackmore estuvo de muy mal humor los siguientes días, y en cada entrevista dejó claro que sólo hablaría de su nuevo proyecto. Los lectores del Popu, sin embargo, pudieron leer una entrevista explosiva sobre su brillante pasado.

11 de Abril 2005

”Jean Howard’s Hollywood: A Photo Memoir” es uno de esos libros que, por muchos años que transcurran, jamás pierden su encanto. A lo largo de la historia de Hollywood se han publicado muchos libros de fotos, pero lo habitual es encontrarte siempre con el mismo tipo de imágenes: secuencias de películas clásicas o fotos promocionales de cada estrella. ”Jean Howard’s Hollywood: A Photo Memoir”, sin embargo, ofrece una visión mucho más personal de la era dorada del cine: la visión de Jean Howard, una mujer que compartió vivencias y amistad con todos aquellos colosos cinematográficos.
Jean fue “show girl” a principios de los años 30, y llegó a trabajar con Lupe Velez por ejemplo, pero lo que nos interesa aquí es su faceta de fotógrafa. Empezó a fotografiar a sus célebres amigos en fiestas y reuniones casuales, sólo por diversión, y casi sin darse cuenta captó con su cámara el sentimiento de una era. Contemplas sus fotos, y casi puedes sentir que conoces personalmente a ese extraordinario grupo de gente que marcó una época.

Ahí tenemos a Bogart en compañía de Clifton Webb y Laurence Olivier (en la foto); a Billy Wilder con Anatole Litvak y John Huston; a Orson Welles rodando con Tyrone Power; a James Stewart sentado en el suelo en una fiesta hollywoodense; imágenes del primer encuentro entre Clark Gable y Marilyn Monroe en otra fiesta (la propia Jean presenció una escena graciosa: Marilyn pidiéndole un autógrafo a Gable); Gloria Swanson recibiendo a amigos en su casa; Frank Sinatra en el estudio de grabación; Richard Burton cantando borracho junto a Judy Garland en una reunión de amigos; Bogart y Bacall en la intimidad, lejos de los platós; Howard Hughes posando alegremente para Jean, en los tiempos en que todavía se dejaba ver en público; y todo tipo de imágenes casuales de Brando, Dean, Gene Tierney, Hedy Lamarr, Kirk Douglas, Rita Hayworth, David Niven, Ethel Barrymore, Marlene Dietrich, etc.
”Jean Howard’s Hollywood: A Photo Memoir” vio la luz por primera vez en 1989, y se reeditó en 1997. Si os interesa el Hollywood de los años 40 y 50, deberíais tratar de haceros con él.

2 de Abril 2005

Probablemente recordaréis más de una o dos menciones a Texas Terri en las páginas de Popular 1, ¿cierto? OK, no hace falta que digais nada. De quien voy a hablar a continuación no es de TxT, sino de Demon Boy, uno de esos héroes rockeros underground que jamás serán citados en los libros de historia, pero que bien merece unas líneas en una sección como ésta.
Quedan tan pocos rockeros malditos de la escuela Thunders-McCoy-Richards que es una verdadera lástima cada vez que perdemos a uno de ellos. No, Demon Boy no ha muerto de sobredosis. El hombre está muy vivo, pero hace ya tiempo que se limpió de drogas y abandonó el Rock’n’Roll para no volver jamás. Una lástima.
Mi primer encuentro con Don “Demon Boy” Cilurso tuvo lugar hace cinco años en un restaurante de Los Angeles llamado Cat & Fiddle, que suelen frecuentar rockeros y estrellas de cine. Fue la introducción perfecta al Universo Demon Boy. Nuestro hombre se había citado con un ligue en Cat & Fiddle, y en el mismo instante en que ella fue al lavabo, me dijo: “No sé qué hago con esta tía, esta es una de esas citas que sabía que no iba a funcionar desde el principio”. Seguidamente, cogió el móvil de la chica, rebuscó en su agenda telefónica, y accidentalmente marcó el número de su novio. Otro tipo habría apagado el móvil en ese mismo instante, pero no Demon Boy. Él habló con el novio en cuestión y le dijo que estaba tomando unas copas con su chica. Ni que decir tiene que, cuando ella regresó a la mesa, montó la gran bronca. Bienvenidos al mundo de Demon Boy!
Ese pequeño incidente fue un buen anticipo de lo que serían todas mis experiencias con Demon Boy en el futuro. Qué tipo... un “troublemaker” por naturaleza. En ese primer encuentro estuvimos charlando un rato, y Demon Boy enlazaba un chiste ininteligible tras otro. Ya sabéis lo irritantes que son ese tipo de situaciones, cuando alguien se ríe de sus propias bromas y no puedes entender dónde coño está la gracia. Tras cuatro o cinco historias suyas que no tenían sentido alguno para mí, le dije que quizá mi inglés no era lo suficientemente bueno como para entender sus chistes (un modo educado de pedirle que se callara), y Demon Boy replicó: “Oh, no te preocupes, los americanos tampoco me entienden!”. Y por supuesto estaba en lo cierto. En esa época, el guitarrista vivía en su propio mundo, atrapado entre Dalí y los Stones.

La siguiente vez que vi a Demon Boy fue en la primera visita de TxT & The Stiff Ones a Barcelona. El guitarrista había engordado bastante, pero su sobrepeso le daba una aire decadente hard rockero muy cool. Llevaba una gigantesca navaja en su bolsillo, un pañuelo árabe en la cabeza, y una chupa de cuero negro que apestaba a sudor. Puro Rock’n’Roll. La escena escandinava al completo debería haber tomado notas de la actitud de este tío. Dentro y fuera del escenario era una jodida estrella del Rock’n’Roll, la clase de sujeto que podría haber sido miembro de Hanoi Rocks o de Guns N’Roses en sus días de gloria. ¿Creéis que exagero?, ni en broma. No tenéis por qué creerme, ni es mi intención convenceros de nada, simplemente me apetece hablar un poco de él. He conocido a muchas bandas rockeras, y resulta sorprendente lo difícil que resulta tropezarte con verdaderas estrellas. Michael Monroe es una estrella del Rock’n’Roll; ¿Turbonegro?, naahhh... Amo “Apocalypse Dudes” y he disfrutado mucho en algunos de sus conciertos, pero cuando les conoces en persona, la experiencia es decepcionante: son todo pose, no hay naturalidad, les falta carisma, no tienen el peligro de un Andy McCoy, un Axl Rose o del Joe Perry de los 70’s. Alguien como Demon Boy, sin embargo, vivía el Rock’n’Roll a fondo, era genuíno, además de destacar como excelente guitarrista de directo y compositor muy personal. No hay que olvidar que este tipo llegó a tocar con Jane’s Addiction, y casi pasó a formar parte de Marilyn Manson en la época de “Antichrist Superstar”.
Bien, regresemos a ese primer tour hispano de los Stiff Ones. El gran problema de la gira no fue el dinero, o el sonido en los shows, o cualquier otra de esas típicas incidencias en un tour, el problema que puso a prueba la paciencia de todo el mundo fue... ¡la chupa de Demon Boy! Cada noche, a lo largo de toda la gira europea, Demon Boy estuvo a punto de desmayarse en escena. Era Junio, el calor no podía ser más agobiante, y sin embargo a Demon Boy no le daba la gana de quitarse su dichosa chaqueta de cuero en los shows. Terri quería ahogarle, era una situación tan absurda... Podía ver cómo Demon Boy se mareaba en cada concierto y sin embargo se negaba a quitarse su chaqueta. En Barcelona logró finalizar el show por puro milagro, y dos minutos después del concierto, salió a la calle y se dejó caer al suelo, donde permaneció un buen rato totalmente deshidratado.
La relación entre Terri y Demon Boy siempre fue explosiva, y en ese punto de la historia, él disfrutaba especialmente cada vez que la sacaba de sus casillas. Un ejemplo: ella no tragaba a Lynyrd Skynyrd, y sin embargo Demon Boy siempre se empeñaba en tocar canciones de Skynyrd en los ensayos sólo para joderle los nervios. Algo así puede parecer una tontería, sin embargo son esos pequeños detalles los que desembocan en violencia en una gira de un mes y medio.
Pero sigamos hablando de la chupa de Demon Boy, porque el tema tiene su coña. Recuerdo en esa misma gira, cuando estábamos mi colega Jacobo Sellares, la banda al completo y yo tumbados en el suelo, en medio de la nada, en algún lugar de Francia, esperando a que un promotor viniese a recogernos. Eran las tres del mediodía, el calor resultaba insoportable, y le pregunté a Demon Boy por qué no se quitaba la chupa de una maldita vez. Me miró como si yo estuviese loco, y le señalé el sol. Entonces Demon Boy miró hacia el cielo y dijo sonriendo: “Fuck the sun”. Otro clásico momento Demon Boy. Acababa de mandar a la mierda al sol.
Los otros dos miembros de los Stiff Ones, el batería Jimmy y el bajista T-Ray, siempre se burlaban de la actitud rockera de Demon Boy. Para alguien como T-Ray, que había vivido la escena angelina a fondo en los 80’s, lo único que realmente importaba era la música. Conservaba su imagen rockera, entendía perfectamente que el Rock no es sólo música, pero sin embargo no se pasaba la vida tomando drogas, follando groupies y rompiendo instrumentos. Y Jimmy, por su parte, nunca le dedicó mucha atención a los clichés rockeros. Por ello, les divertía especialmente tocarle los cojones a Demon Boy. En esa misma gira, creo recordar que en Francia, el grupo se encontraba esperando en alguna parte, probablemente una estación de tren, y Demon Boy decidió ensayar allí mismo, de modo que sacó la guitarra y empezó a tocar canciones de Lynyrd Skynyrd. Era una imagen digna de ser filmada: Demon Boy tocando en el suelo con la chupa abierta, y su enorme barriga sobresaliendo hacia el exterior. En un momento de despiste, T-Ray y Jimmy pegaron la foto de un tipo desnudo con la polla dura en la funda de su guitarra, y así pasó alrededor de una hora Demon Boy, tocando junto a la imagen de un tipo super gay con una monumental erección. Cuando el guitarrista se dio cuenta de la bromita, por supuesto pasó media hora gritando a todo cristo.
La siguiente vez que vi a Demon Boy fue en L.A. de nuevo. Acompañé al grupo a un concierto que hicieron en Orange County, y casi no hablé con él. Aquél era un típico mal día para Demon Boy; estaba irritado y odiaba al mundo.
Al cabo de poco tiempo, TxT & The Stiff Ones regresaron a España para hacer un largo tour, y esta vez sí que pasé un buen montón de horas con el guitarrista, concretamente diez largos días. Sergio Del Río, Ruben García y yo nos fuimos con la banda de gira, y bueno, se podría escribir un libro sobre ese tour. Obviamente no voy a relatar todo lo que ocurrió, porque esto sería interminable, tan sólo compartiré con vosotros algunas clásicas anécdotas Demon Boy.
Los problemas empezaron antes incluso de que el tour diese comienzo. Justo un día antes de que la banda tomase su vuelo para desplazarse a España, Demon Boy hizo el idiota con una moto y tuvo un accidente. Nada especialmente grave, aunque abandonó L.A. con una pierna jodida. La banda no podía creer lo que estaba sucediendo, cuando fueron a recoger a Demon Boy a su casa a las seis de la mañana, con el tiempo justo para desplazarse al aeropuerto, y se encontraron al guitarrista con toda su ropa por los suelos, cabreado a causa del accidente de moto. La cosa empezaba mal.
Demon Boy pasó todo el vuelo quejándose, algo tan habitual en él que formaba parte de su “charm”, su encanto. Se quejaba de la herida en su pierna, y se quejaba también de que sus pies apestaban porque hacía una semana y pico que no se quitaba sus botas.
No vimos el primer show de la banda en Vigo, pero quienes estuvisteis allí recordaréis que duró poco, probablemente una hora o menos. El motivo fue Demon Boy y su pierna malherida. La banda deseaba hacer un concierto normal, pero Demon Boy cortó el show cuando le dio la gana y se largó del escenario.
Cuando nos reunimos con el grupo en Bergara, aquello era un polvorín. La relación entre Terri y Demon Boy se había deteriorado lo inimaginable. Fue un buen show, aunque el público se mostró muy hostil con ellos; muchos habían venido sólo a ver a los Hot Dogs, que ofrecían su concierto de despedida esa noche, y no parecía importarles mucho ese grupo americano al que no conocían. Al finalizar la actuación, un tío de los Hot Dogs se había pintado un bigote en su rostro, y se paseaba borracho por los camerinos diciendo estupideces. Demon Boy le lanzó varias miradas envenenadas, pero al final no la tomó con él. Aunque minutos después todo saltaría por los aires: escuchamos unos golpes en una zona del camerino, era Demon Boy dando patadas contra la puerta del lavabo, en donde se encontraba Terri. Comenzaron los gritos y los insultos, y estuvieron a punto de llegar a las manos en medio de la sala, pero T-Ray y yo les separamos a tiempo. Menuda forma de empezar una gira...
A partir de entonces, el drama se mezclaría con la comedia continuamente a lo largo de todo el tour.
La verdad es que tengo un gran recuerdo de esa gira. Para nosotros, que éramos unos simples espectadores de la tragicomedia que se vivía en la furgoneta del grupo, fueron simplemente diez días de diversión. Cruzamos el país escuchando Rock’n’Roll, disfrutamos las actuaciones de la banda y los numeritos de Demon Boy, y volvimos a casa felices.
La gran noche de Demon Boy en esa gira fue Granada. No sólo ofreció junto al grupo el mejor concierto del tour, sino que además tuvo ocasión de satisfacer todas sus necesidades de rockstar. La noche empezó con el mal rollo habitual. El gorila que custodiaba la puerta de la sala le dijo a Demon Boy que tendría que abrocharse su camisa si deseaba entrar en el club (?) y obviamente el guitarrista le hizo saber dónde podía meterse sus exigencias. Por puro milagro calmamos al gorila y no hubo pelea.
El show fue excepcional, TxT & The Stiff Ones hicieron el mejor concierto que he visto de ellos, y al finalizar la actuación, Demon Boy esnifó coca en los lavabos, tuvo una pelea a puñetazos con alguien, robó una botella de whiskey, consiguió una groupie y pasó el resto de la noche encerrado en un estudio de grabación, imagino que grabando solos de guitarra y dejándose querer por la dama que acababa de conocer. El sueño hecho realidad para cualquier guitar-hero egomaníaco. Un show histórico, alcohol, drogas, una buena pelea y una larga noche en un estudio de grabación con una groupie. Inmejorable.
La frase favorita de Demon Boy en ese tour era “too bourgeois”. Todo era demasiado fino para alguien como él, genuína carne de cloaca. En Cádiz, Juan Cacheda alojó al grupo en un buen hotel, y trató a la banda con el respeto que merece todo buen grupo de Rock’n’Roll. Pero eso hería la sensibilidad de Demon Boy. Nos acompañó a nuestra apestosa pensión, quejándose de lo asquerosamente “bourgeois” que era el hotel que le habían buscado a él. Pasamos delante de un charco de agua, y dijo: “Preferiría dormir ahí, ese hotel es ‘too bourgeois’”.
Toda la gira estuvo plagada de salidas de tono de Demon Boy, que en ocasiones resultaban cargantes incluso para nosotros. Cuando la banda actuó en el programa televisivo de Radio 3, Demon Boy se cabreó porque, según él, Jimmy y T-Ray aceleraban demasiado el tempo. Y ¿qué debe hacer uno cuando sus compañeros de grupo aceleran el tempo más de la cuenta?, pues destrozar su guitarra, por supuesto! Demon Boy rompió la guitarra, golpeándola contra el suelo del escenario, lo cual no fue algo muy inteligente, si tenemos en cuenta que... ¡esa era la única guitarra que tenía para finalizar el tour! En fin, otro clásico momento Demon Boy. Justo después de ese incidente, la banda fue entrevistada para la radio, y Terri tuvo su propio momento de gloria cuando se desnudó frente al presentador y le incomodó en la medida de lo posible.
Por fortuna, lograron reparar la guitarra de Demon Boy y la gira siguió adelante.
No recuerdo el orden de los shows, ni falta que hace, tan sólo me vienen a la mente momentos puntuales: Terri golpeando en la cara con una de sus botas a alguien del público que intentó manosearla en el show de Madrid y el tipo sonriendo cubierto de sangre; una visita al hogar de Kike Turmix, donde sufrimos una inevitable sobreexposición de Garage australiano de los cojones (impagable el rostro de los gatos de Kike soportando las descargas infernales de su amo); Demon Boy saltando con su guitarra a pegar a un tipo en el concierto de Mollerussa y estrellándose contra el suelo; la adrenalínica actuación de Valencia...
Una vez finalizado el tour, fui con la banda a cenar a un restaurante en Barcelona. Acababan de actuar en el programa Crónicas Marcianas y Demon Boy estaba cruzadísimo, no había disfrutado nada la experiencia, lo cual es bastante comprensible (playback, público idiota, etc.). “¿Viste cómo les demostré que no me importaba una mierda aquello?”, decía orgulloso Demon Boy con cara de crío travieso.
La verdad es que el guitarrista parecía especialmente irritable esa noche. De pronto, en el restaurante empezaron a sonar horrorosas versiones pseudo house de clásicos de los Stones, y eso ya fue demasiado para él. “¿Qué es esto?, ¿qué coño es esto?”, comenzó a repetir en voz baja, hasta que le sacaron de sus casillas, y decidió levantarse de la mesa, bajarse los pantalones y mostrarle su enorme polla a todo el restaurante. Gran momento. En alguna parte tenemos una foto de Demon Boy con su polla colgando y esa cara suya de: “What the fuck!!!”.
Todos estábamos cansados, y empezamos a hablar demasiado. Yo cometí el error de decirle a Demon Boy que había llegado a odiarle en ese tour. Teníamos bastante confianza después de haber pasado tantos días juntos y no tuve en cuenta que alguien como Demon Boy no podría encajar jamás semejante comentario. Maticé mis palabras, comentando que en ese punto de la historia, ya no me sentía tan asqueado en su presencia. Demon Boy comentó: “Has visto la luz, entonces”, y yo grité: “Sí, aleluya!”. Pero en pocos segundos se le cubrieron los ojos de lágrimas. El drama volvió a empezar. No se trataba de que fuésemos grandes amigos, simplemente mi comentario le cruzó los cables del todo. Llevaba dos días sin dormir, era el final de una gira y se encontraba más susceptible de lo habitual.
Al llegar al hotel, Terri y Demon Boy discutieron por problemas que habían arrastrado durante toda la gira. Ella le dio varios cientos de dólares, las ganancias de todo el tour, y Demon Boy los lanzó por los aires, y se largó. Fue una escena muy cinematográfica: de pronto el suelo del hall del hotel estaba cubierto de dólares.
La última imagen que recuerdo de Demon Boy, es el guitarrista sentado solo en una parada de autobús a las cuatro de la mañana, cerca de Colón, con la mirada perdida.
Aunque por supuesto hay más anécdotas de ese tour! Demon Boy nunca decepciona! T-Ray me contó el delirante numerito que montó el guitarrista la mañana siguiente. Estaban esperando su vuelo en el aeropuerto y de pronto Demon Boy les dijo a Jimmy y a T-Ray: “Voy a buscar algo de comer”. Algo así, viniendo de Demon Boy, sonaba mal, y efectivamente sucedió lo que ambos imaginaban. Llegó la hora de partir, y... ni rastro de Demon Boy. El responsable del vuelo retrasó la salida del avión lo máximo que pudo, y finalmente le dijo a T-Ray que deberían dejar a su amigo en tierra, y a causa de ello no podrían llevar sus maletas. El problema era que las maletas de Demon Boy y las de Jimmy y T-Ray habían sido facturadas juntas, por lo que Jimmy y T-Ray deberían resignarse a dejar todas sus pertenencias en España! T-Ray les rogó que hiciesen una excepción y no le obligasen a dejar sus maletas, pero nada, las reglas eran inquebrantables. Y justo un minuto antes de que sucediese lo inevitable, apareció Demon Boy comiendo un trozo de pizza guarra con la camisa abierta dejando a la vista su voluminosa barriga. Una azafata le pidió que se atase la camisa, y él respondió: “Fuck you!”.
T-Ray me comentaría más adelante que durante el vuelo charló con Demon Boy sobre lo que había sucedido en España con nosotros (después de diez días juntos, ni siquiera nos dedicó un triste adiós, enfurecido por mi comentario en el restaurante). “Lo que les hiciste a la gente de la revista no estuvo bien”, dijo T-Ray. “¿Crees que no estuvo bien?”, preguntó Demon Boy. “No”, insistió T-Ray. Y Demon Boy se quedó pensativo durante unos instantes, y concluyó con un sonoro: “Que se jodan!”. Otro clásico momento Demon Boy.
La historia de Demon Boy como miembro de los Stiff Ones pronto llegaría a su fin. Al regresar a América hicieron alguna actuación juntos, pero sus días en el grupo estaban contados. Terri no le aguantaba un minuto más, aunque curiosamente fue Jimmy quien anunció que dejaría la banda si Demon Boy seguía en ella. Y tras una amarga reunión de grupo, se produjo la inevitable separación.
El período posterior a su salida de la banda fue muy confuso para Demon Boy. Un amigo mío, Jeff Porterfield, que en esa época tocaba con los Bellrays, me contó que un día vio a Demon Boy sucio y desorientado en las calles de L.A. Los Stiff Ones eran el grupo de su vida y tardó en hacerse a la idea de que todo había acabado. En un principio tanteó la posibilidad de grabar un disco en solitario, pero al final optó por limpiarse de drogas y dejar el Rock’n’Roll.
Y bien, ¿qué hace Demon Boy en la actualidad?, pues es doctor especializado en rayos X (!!!). No es broma, hablo totalmente en serio. Demon Boy volvió a su ciudad, retomó sus estudios, y ahora es un ciudadano respetable. Una historia similar a la de Nasty Suicide. Aunque Demon Boy todavía castiga su guitarra de vez en cuando. En la última gira de Terri por América, Demon Boy salió a escena en uno de los shows y tocaron juntos algunos temas.
La próxima vez que escuchéis el álbum “Eat Shit!”, o alguna canción posterior como “Raunch City”, servios un trago de bourbon en honor al único e irrepetible Demon Boy.
Quien sabe, quizá algún día se canse de ejercer de doctor, y recuperemos a este encantador killer rockero.